Alaska
Kerstin rema por el Distrito de los Lagos de Mecklemburgo en una canoa roja. Poco a poco se va revelando de qué huye, a medida que el pasado la alcanza en las aguas aparentemente interminables. Alaska es una película atmosférica sobre buscar y encontrar, huir y perderse.
Es verano en Mecklemburgo: una canoa roja se desliza segura, casi en silencio, por las aguas del Distrito de los Lagos. Kerstin se sienta en ella, sola y apenas con lo imprescindible, evitando estoicamente cualquier contacto con otras personas. Lo que la impulsa y lo que aparentemente la agobia no está claro al principio. La familiaridad y la rutina con las que navega por el paisaje acuático demuestran que la relación de Kerstin con la Región de los Lagos es especial. Sólo cuando conoce a Alima en un camping, que viaja de forma un tanto involuntaria con un grupo de amigos, empieza a abrirse lentamente. Queda claro que la historia no se centra únicamente en Kerstin cuando aparecen figuras de su pasado.
Con el Distrito de los Lagos de Mecklemburgo como un encantador telón de fondo, el atmosférico largometraje de Max Gleschinski habla de buscar y encontrar, de huir y esconderse, y de la tragedia de las relaciones humanas.
Imagen © Jacob Waak, Wood Water Films